04/02/2026
Pablo G. dice que hay algo en el uso de las pizarras que no sucede en el cuaderno: un cambio de escala, en primer lugar, y la posibilidad de borrar y reescribir sin saturar (hablamos de escritura analógica). El cuerpo y la vista ya no ocupan la totalidad del soporte, y acercarse o alejarse de él comienza a cobrar sentido: los cálculos y ecuaciones tienen también la necesidad de ser vistos con distancia.
Una pintura necesita ser vista con distancia, pero también ser vista desde dentro y poder perder los bordes de lo que está siendo “escrito”, o del sentido lógico de un razonamiento. El hecho de introducir el cuerpo, por ejemplo y simplemente, aumentando el tamaño del soporte, hace que se le pueda dar una importancia local a algo que luego puede pasar desapercibido, y en esa danza de acercarse y alejarse constantemente del plano surge esta discusión entre lo particular y lo general. Ya no se trata de permanecer dentro de las leyes clásicas de una práctica pictórica –o un método inductivo– que trabaja de lo particular a lo general, sino que, precisamente, las operaciones se establecen desde un juego de distancias que desdibuja y relativiza lo que es detalle y lo que es conjunto, lo concreto y lo total.
Dentro de este tipo de abordajes, de vez en cuando te encuentras en un extremo del hueco en blanco, otro razonamiento (de ti mismo/ de otro compañero/a) y puedes decidir, en todo caso, si cambias de renglón o si lo borras, a sabiendas de que puede formar parte de otra conversación abierta.
Hablando del IGFAE, el hecho de disponer estos pequeños espacios de diálogo en las zonas comunes no influye solamente en la forma en la que un investigador/a pueda poner en común con otro un problema, sino que también favorece a la hora de entender las zonas intermedias no como lugares de paso –exclusivamente, porque claro que uno pasa por ellas– sino como estos dispositivos arquitectónicos que dan pie a que sucedan encontronazos, choques y matices más allá de las áreas privadas, como si siempre, allí, estuviera pasando algo. Quizá, si los llamamos lugares de paso, pueda ser también por esto.


Pizarras del IGFAE