16.02.2026

Es imposible eliminar por completo al observador del fenómeno observado. Y por observador se entienden también los instrumentos de medición. La física clásica creía que el suceso podría ser captado sin involucrarse, es decir, que medir era revelar o poner de manifiesto algo que estaba sucediendo en un determinado momento, y que eso sucedería independientemente de si era visto o no. La medición “situada” (con el desarrollo de la cuántica), admite que se está modificando la evolución del sistema conforme se observa, es decir, que estamos constantemente participando y condicionando el mundo incluso “pasivamente”.
El interés de esto, también con respecto al arte, recae en la idea de que aquello que estudiamos, que observamos, es decir, lo que mostramos como objeto de conocimiento no es un reflejo pasivo, una ilustración o una “representación”, sino una interacción y un diálogo. Mirar o mostrar es alterar, producir, involucrarse, comprometerse. No hay equidistancia posible. Lo que se pone en un cuadro, por ejemplo, (una forma, un color, un punto, etc.), por muy puro o hermético que pretenda ser, no puede desligarse de todo aquello que no se ha puesto. El hecho de colocar es inseparable del hecho de extraer: la decisión pictórica corre en ambas direcciones, hay una pintura patente y miles de no-pinturas vinculadas por lo que se ha descartado, tapado, etc., en latencia. Esto es lo que entendemos cuando hablamos de la virtualidad de la pintura. Es un espacio potencial que finalmente, cuando se decide poner un punto, un color, etc. determinados, colapsa esa “función de onda” y se opta por una sola opción de entre todas aquellas que estaban sucediendo virtualmente, simultáneamente. El cuadro pintado, como resto de ese proceso, es el testigo del colapso, de la alteración de un sistema que ha tomado uno u otro camino.
“Yo hago marcas […] Las marcas al azar son hechas y uno considera la cosa como lo haría una especie de diagrama. Y vemos implantarse en el interior de ese diagrama las posibilidades de hechos de todo tipo. […] Usted ha puesto en un cierto momento la boca en alguna parte, pero a través del diagrama ve de repente que la boca podría ir de un extremo al otro del rostro. Y de cierta manera te gustaría poder hacer un retrato de la apariencia un Sahara. Hacerlo tan parecido, que parezca contener las distancias del Sahara.” Francis Bacon, citado por Gilles Deleuze