12/02/2026

Entonces, en cuántica, las posibilidades coexisten hasta que haya una interacción que mida el fenómeno.
Si nos retrotraemos un cierto tiempo, vemos que las medidas en un principio eran fundamentalmente antropométricas o animales, es decir, nos servíamos del cuerpo para intentar traducir y operar con otras magnitudes. El cuerpo, que es en sí algo tan variable y cambiante. Algunas medidas estándar de longitud podrían ser el codo, palmo, puño, dedo, pie, etc.; de superficie el jornal (superficie que puede arar/sembrar/segar un hombre en un día, con la ayuda de bueyes), el furlong (superficie que puede arar un buey sin descanso), el ferrado (en Galicia, superficie que se puede sembrar a partir de la cosecha de cereal o legumbres que caben en un recipiente llamado ferrado –una especie de cajón de madera); de volumen el bocado (volumen de alimento o líquido que cabe en el interior de una boca humana), puñado, manojo, cucharada (antiguamente, capacidad de volumen en una mano ahuecada); de peso la carga (lo que una persona podía cargar sobre sus espaldas o cabeza) o la arroba (peso que puede cargar un burro). Hay también medidas ligadas a gestos, como el tiro de piedra, determinado por la distancia alcanzada al tirar una piedra con la mano, el tiro de flecha, o el grito (distancia desde la que se puede escuchar un grito humano).
La medición es un acto situado: las variaciones entre las distintas personas, contextos, cuerpos, etc. implicaba que la estandarización de las medidas fuese en cierto sentido algo arbitrario e impreciso, ya que había muchas otras cuestiones que entraban en juego y se dejaban de lado a la hora de medir. El ferrado en Fornelos de Montes equivale a 72 m2 y en Xove 725 m2, la medida está condicionada por la fertilidad del suelo. Las manos, los codos, las bocas cambian completamente de una persona a otra, además que generalmente se tomaba la medida del cuerpo exclusivamente masculino. El alcance del grito podía variar entre los 200 y los 400 metros. Es decir, hay toda una serie de contingencias y potencialidades que interfieren en esos cuerpos (tanto en los cuerpos a medir como en los cuerpos como medida) que implican cierta imposibilidad.
Tras afinar y universalizar las medidas, ya no antropométricas ni animales, la física cuántica sigue estando condicionada por el acto situado que es la medición. No se trata de una imprecisión en la medida (o un error instrumental, tecnológico o humano), sino, de nuevo, una condición o un límite de la materia. Además de que el hecho de medir ya altera el comportamiento de las partículas (colapsando su función de onda o haciendo que estas se decanten por uno u otro camino), principios como el de incertidumbre de Heisenberg, que es fundamental a la hora de estudiar la cuántica, hablan precisamente de que cuanto más precisamente se conoce (se mide) una magnitud, como la posición, más se difumina y desconoce otra, como el momento. Estas imprecisiones o imposibilidades propias del comportamiento cuántico son tomadas como principios, como operadores fundamentales.